Docente, hoy quiero decirte: gracias.
Gracias por creer en tus estudiantes. Gracias por reconocer el potencial de cada persona que tienes frente a ti. Gracias por confiar en que tus estudiantes poseen capacidades y habilidades distintas a las tuyas. Gracias por guiarlos hacia esa zona de desarrollo próximo de la que habla Lev Vygotsky, ese +1 que menciona Stephen Krashen. Gracias por retarlos lo suficiente para impulsarlos a crecer, sin llevarlos a la frustración ni dejar que caigan en el aburrimiento.
Sólo tú, docente, con tu pasión y vocación, puedes lograrlo: hacer que cada persona a tu cargo adquiera nuevos conocimientos, crezca y se desarrolle hasta convertirse en agente de su propio aprendizaje. Felicidades a ti, si has conseguido sembrar esa transformación.
Te admiro y te respeto por entregarte en el aula, en el salón de clases, en cada espacio donde compartes tu conocimiento. Porque es verdad: “donde hay un docente, hay aprendizaje; y donde hay aprendizaje, hay una escuela”. Lo creo profundamente. Donde tú estás, siempre habrá alguien aprendiendo de ti y gracias a ti.
Felicidades en tu día, en nuestro día.
Y termino diciendo: gracias de corazón a las personas que han creído en mí. Gracias a quienes, desde que me conocieron, me enseñaron y me dijeron: “Lo que te enseño es para que lo compartas con alguien más”. Así ha sido. No he dejado de hacerlo, y me encanta. Ese ha sido y seguirá siendo mi legado.
Porque ser docente, maestra, facilitadora, mediadora, guía y mucho más… es mi pasión.
