Ser maestra tiene sentido cuando esto es lo que te mueve a levantarte temprano cada mañana a impartir la clase ya preparada, cuando esto te motiva a preparar el material que se va a utilizar, cuando esto te reta a investigar más sobre el tema, y, al tener que adecuar la enseñanza a los diferentes estilos de aprendizaje. Es entonces cuando ser maestra tiene sentido. 

Me han preguntado, ¿por qué te gusta enseñar? Mi respuesta a través de los años ha sido y sigue siendo la misma, porque tengo conocimiento que compartir, porque alguien más lo hizo conmigo y para mí, porque siempre hay alguien que me va a enseñar y sobre todo porque tengo mucho que aprender, y creo profundamente que la mejor manera de aprender es enseñando.

Tiene sentido ser maestra porque un mundo de oportunidades, caminos, destrezas, habilidades están frente a ti, cientos y miles de oportunidades brillan en cada estudiante y muchas veces necesitan ser guiados. No pretendo saberlo todo, pero sí sé que puedo escuchar, compartir lo que sé y guiar a mis estudiantes a seguir adelante a luchar por lo que quieren hacer; además puedo guiarlos en cómo trabajar para lograrlo.

Tiene sentido ser maestra porque no dejo de sorprenderme al observar a un estudiante cuando aprende. El momento de comprensión de apropiación del conocimiento, de descubrimiento de la verdad en cada uno es diferente y esto, esto es un gran motor para impulsarme a continuar facilitando mi conocimiento. No se trata de impartir una materia, no se trata de cerrar con un examen o una evaluación; enseñar va más allá. Enseñar es vivir, es compartir lo que vives y cómo lo vives.

Tiene sentido ser maestra porque es mi pasión. Hacer algo por obligación es no disfrutarlo, es cansado, es monótono, se vuelve aburrido y rutinario. Enseñar porque te gusta vivir en un mundo de ensueño, no es fantasía, es ver diferentes realidades y posibilidades frente a mí para darme cuenta que si yo les comparto lo que sé les ayudará a ser mucho mejores de lo que ya son.

Mi primer alumno fue mi hijo, mi JD, nunca olvidaré que yo fui quien le enseñó a leer y a hacer sus primeros trazos, en español y en inglés. Este ha sido y seguirá siendo mi mejor regalo. Hoy él es un profesionista. Su éxito es mi éxito, no sólo porque es mi hijo, sino porque tomó lo que yo le di y lo transformó en algo mejor. Hoy yo soy mejor por eso.

Amo ser profesora, y no solo eso, ser aprendiz de vida.

Leave a Reply